La estrategía mas infame que pudiste cometer fue hacerme quererte.
Te miro. Mis pies en la alfombra mullida. La lluvia no para, transparente como las gotas de lagrimas que caian de mis mejillas la noche anterior.
Asi, estatua, esperando tu jugada, esperando que te acerques provocando, sonrisa maquiavelica, mis ojos quietos, no digo nada.
Tus manos se posan sobre mi cara. Estan frias. Bajo la vista, no puedo mirarte. Me doy cuenta de que mis planes no podian ser reales. Nada es real. Ni vos ni yo, no somos reales, somos comas de cuentos que no se escribieron aun…comas, ni puntos suspensivos, comas que separan continuaciones.
Tu boca, aquella que regala besos puros y perfectos, soñolientos, aquellos que ya ni recordaba, porque en realidad solo los deseaba, esa boca quiere jugar con la mia. No puedo mirarte menos puedo besarte.
Nos alejamos.
Me alejo.
No. La n y la o juntas.
Me miras confundido, perplejo, tenaz, no entendes a que quiero jugar.
No. No hay juego, no hay ganas, no hay valor. La N que antes tiene la M la O que es seguida de la P, forman una sola palabra NO.
No puedo. No debo. No siento. Pero sobre todo No quiero.
No quiero tus besos perdidos que recorren mundos y luego vuelven. No quiero tus ojos mirandome y a su vez mirando a otros lados. No quiero esas palabras que repetis mil veces ni tampoco caminar junto con tus pasos. No quiero perderme en un abismo al que no podre salir. No quiero que mi almohada este mas humeda.
NO.
N y o.
La letra que tiene antes la M y despues la Ñ. Junto con la letra que tiene a la P despues forman una palabra NO.
La lluvia sigue cayendo. Y el sol sale despacito. En mi cara hay una sonrisa escondida. Me miras, bajas las vista y te vas. Cuando escucho que cierras la puerta me siento otra vez en la silla de mi abuela. Una lagrima cae…sola.
Mi vestido esta arrugado, mis perlas brillan aún mas. Mirando la lluvia sonrio despues de unos dias, respiro profundamente y siento que aquella espina en mi pecho va saliendo, arrancada por mi…sola.
(Pasan los minutos y el telefono suena, no respondo, te dije que la que toma revanchas soy yo)
“Aún tenemos cuentas que saldar…”
La lluvia golpea la ventana. Estoy descalza esperándote, sentada en la silla de madera de mi abuela. La lluvia parece quedarse de invitada a la función que vamos a protagonizar. Si te animas. Si me animo.
Te espero. Con el lápiz en la mano, ese que deje de usar cuando escribía en el cuaderno nuevo. De tapas azules. Lo compre en la librería cerca de tu casa, donde me besaste por primera vez.
¿Te acordás como temblaba tu boca? Seguro que no. Yo si. Tus ojos me miraban con miedo. Temías que te comiera.
Ahora te espero en casa. Al lado de la ventana. La lluvia es mas intensa. Mi boca será así, como ella. Mi pelo con sus bucles se te negaran, pero mis manos dirán lo contrario.
Me dirás palabras al oído que amortiguaran mis sentidos. El corazón latera más fuerte. Mi piel será como un erizo. De punta. Mi boca estará seca esperando a tu beso cruel. Te basas en eso conmigo. En la crueldad de saber que no serás mío, ni ahora ni nunca. Tus dueños son tantas mujeres como los zapatos que hay en tu placard.
Galán. Eso sos. Un galán que enamora y tira. O deja. Busca mentiras entre las hojas de su escritorio. Pero eso no nos afecta.
La lluvia golpea la ventana. Descalza y sentada en la silla de madera de mi abuela te espero. Tengo un vestido que no conoces pero te gustara, las perlas caen en mi pecho y mi pelo esta suelto.
La puerta regala sonidos que conozco muy bien. Se abre y ahí estas, sin flores en la mano pero no me afecta, nunca te pedí nada. Eso si, hoy abrázame, porque hace mucho que espero ese abrazo.
No faltaste a la cita. Sabes como cuidar a tus mujeres. No podes perder a una, no seria lo mismo.
Allí estas.
Viniste.
Ahora te digo algo.
Cuídate mucho, porque la que toma revanchas…soy yo.
De día, tarde y noche. Así estaba yo, esperando hasta el cansancio. Verte llegar y caminar hacia mí. Tu andar particular que hasta me hacia pensar lo inimaginable. Quieta, mirándote como si mirara “La habitación roja” de Matisse frente a mis ojos.
Así estaba yo, esperándote como un perro cuando le están por dar de comer. Esperando a que saques la bolsa de comida y cada uno de esos pedacitos que para vos eran insignificantes y para mí únicos caigan en el plato para por fin comerlos. Así, esperando a que me des de comer, a que seas el amo, el dueño.
Esperar a que me acaricies lentamente, ese mimo que seria tan especial como todos, el de mañana, el del mediodía, el de tu vuelta del trabajo, cuando llegabas cansado y yo te sacaba la corbata que te atoraba el cuello. Y los roles eran otros, vos eras el perro, yo el amo. Cambiábamos la corbata por la correa, esa que tantas veces ambos nos poníamos. Atados y entregados a la merced de lo que el otro tenía pensando en su mente.
El tiempo pasó lentamente, ya sentía que ocupabas lugar en mi cama y viceversa, sentía que ocupaba lugar en la tuya. Tu biblioteca era mía y la mía también era mía. Ya me molestaba el desorden de lo incomprendido, ya ni ganas de lavar los platos que había en la cocina.
Y una mañana todo cambio. Ya no esperaba que vinieras con el pan a dármelo de la boca. Ni mucho menos esperaba a que me hablaras al oído o me prometieras vacíos inexistentes que hablaban de estrellas y lunas rojas. No. Ya no lo esperaba. El anillo que para mí era el más caro del mundo, ya no tenía valor. Ni la paloma que colgaba de mí pecho. Era igual, yo no era igual.
Ya no tenía sentido esperarte en la puerta de casa para que vengas, ya me daba lo mismo verte hoy, mañana o pasado. No me sobresaltaba mas al verte bajar del taxi.
Y así fue. El olvido puro de lo in-imaginado. La destreza de saber cuando olvidar y cuando no. Fue, solo al principio dolió, luego se transformo en mas fuerte, a veces lloraba como los perros lloran cuando sus amos se van. Luego a veces me reía tanto que las hojas iban pasando y así volví a reír como antes de conocerte.
Paso.
Ya no te esperaba más con el pan en la boca como un perro en la puerta de casa para que me dieras de comer, porque ya, no sabías como alimentarme.

Pic: F. R

Fueron muchas noches, de esas que no llevo la cuenta. El tiempo pasaba y el calendario me lo demostraba. Fueron horas y horas, fue pensar cada palabra y cada movimiento. Fue recordarte. En cada letra que escribía o en cada palabra que pensaba. Fueron muchas noches, lo se. Fue olvidarte. Cada vez que te pensaba meterte en un cofre de madera y olvidar los ojos que me habían conquistado. Escuchar la lluvia, sentir el calor, volver a sentir el frío, pensar en vos. Fue meterme en la cama con una lagrima que caía por la mejilla y preguntarme los porque. Porque. Con minúscula. Escritos con mayúscula en mis sueños. Cerrar los ojos y preguntarme donde estas, con quien. Fue saber tus mentiras, contarlas, guardármelas al lado del pecho y cicatrizarlas conmigo. Escuchar una canción que me recordaba a…cuando la escuchábamos juntos y nos reíamos. Mirar mis libros y saber que inevitablemente estas allí escondido.
Fueron noches y noches de dormirme a las tres. Ni un minuto menos ni uno después. A las tres en punto cuando dejaba de escribir. ¿Que? Palabras profanas que nunca pronunciaré. Escribir allí, en mi diario o en donde sea. Pero hacerlo. Fueron noches y noches de incertidumbre, mirar la ventana, buscar las estrellas y preguntarles por vos. Llegar a la más cercana y prometer que te la bajaría. Porque yo…si, YO, te bajaba las estrellas si querías. Te invitaba a conocer el mundo que jamás verías. Te regalaba cada frase que escribía. Porque aun seguís siendo la frase de aquel poema… pero vos no te diste cuenta.
Porque nunca imagine que me dejarían una marca así, cosida…cicatriz que se ve. Nunca. Porque ya me había pasado y ya se estaba borrando. Canalla como diría ella. Yo, te digo de otra forma…
Fueron noches que dieron fruto a un conjunto de sentimientos que plasme en el papel. Fueron noches de café, de risas, de llantos, de encontrarme a mi misma, sentimientos reencontrados partidos en el medio de la habitación. Tapada hasta las narices con mis frazadas que me hacían acordar a cada momento, cada instante, a la pequeña tortura de comprender todo lo que me rodeaba. Comprender tu mirada, esa tonta mirada que perdida me había enloquecido.
Y nació solo…nació en la búsqueda de cada cosa. Y fueron para diferentes personas, donde seguro te llevas el premio de que dos o tres sean tuyos y el resto…el resto no.
Pero allí están, una pilita de hojas, que la escribí solita…de noche, desde la una hasta las tres, religiosamente, prusiana, sola. Y sin porqués.
Me hace odiarte, me hace quererte aun más, me hace darme cuenta que todas las desgracias y todo el sufrimiento que mi alma tiene hacen que escriba mejor y mucho, mucho, quien sabe hasta cuando, hasta donde, para sobrevivir, para soportar mi silencio, allí escribiendo.

*No saber que escribir, ni cómo, ni cuando ni porqué. Jazz en vivo a las dos de la mañana y mis ojos con agua… ¿No lo sabías verdad?.
*No, no saber escribir por más que me digan que lo hago bién. Y de repente es halagante que alguién que apenas ves, apenas…te diga “escribís bien y él…él no se equivoca”.
*Elegante, tan elegante con tacos y no caerme. El reencuentro y la copa de vino que no tomamos. Te miré y no me miraste. Lo evitaste. No te culpo.
*Porque yo no lo busqué, tampoco lo encontré. Porqué no busqué tu sombra, tus ojos, ni tu boca maquiavélica que no me toca. No. No fue mí culpa mentir y no mentir. No saber que hacer ni que decir.
*Trato de escribirte miles de cosas, pero miles. No me alcanzaría un libro entero para escribir todo lo que tengo para decirte. Mi fuerte no son los resumenes. A veces no sirven.
*Fue el sentimiento encontrado de una noche en donde el invierno se despedía yo buscaba la negación contra mi misma. Me oculte en la cobardía, por la confusión de no saber que decir. Escapar, esperar, entrenar. Elegír una opción que creía la mas sincera, la mas pura, la que mas coincidía, la mas racional. Equivocarme con la frente en alto y con el dolor en mis pies. Porque con esa decisión sufría aún mas.
*Dudo que sepas de ese dolor. Es terrible. Es como el odio a lo absurdo. ¿Como? ¿porque?. Me encanta hablarte y escucharte. Me encanta mirarte. Sentir que la noche es tan magnífica pero que ni le llega a un mínimo de centímentro de lo maravillosos que son tus ojos. Ni lo que significan ellos para mí. Ni que me miren. Menos tu boca. Tu risa, esa que siempre me queda grabada. Tu boca es tan maquiavélica.
*En tu nombre escribo todo esto, en el mío, es mi desahogo cruel. Porque me duele en el alma con todo lo que eso implíca. Lo que equivale. Es terrible pero es lo mejor. No quiero que quererte me duela. No quiero que los recuerdos duelan. Porque ya…me esta empezando a doler.
*En tu nombre escribo estas lineas, una despedida triunfal como si atravesara el arco del triunfo en una Paris que apenas fue mia.
*Líneas, muchas, demasiadas, todas juntas, palabras profanas que jamas pronunciare. No, no podre decirte nada de lo que paso, ni de lo que pienso, ni de lo que siento, no puedo, no debo, no quiero.
*Pero si en tu nombre y en el mio, te pido perdón.
C.

Demasiado calor. Mucho. Ese calor que te pega la ropa. Agradecida por estar despechugada. Tan agradecida.
La tarde fue tan normal como las demás, con más azúcar en mi cuerpo. Él me vió desde el auto pero no me bajo a saludar. Quién sabe porque. El rencor ya lo deje de lado.
Esa gota de sudor caía de mi cuello hasta llegar al medio de mi pecho, suavemente. Mire el reloj, saldría con el tiempo justo, la pantalla de la computadora anunciaba el paro de subtes, pero no así mi proxima osadía.
Salí rápido, mis tacos no me jugaron ninguna mala pasada, espere veinte minutos un subte por dos estaciones, el calor era insoportable.
Llegue a la estación justo cuando el tren se habia ido. Mi boleto en la mano me generaba bronca. El me habia detenido. Lo guarde en el bolsillo de mi jean. Me dispuse a esperar mientras un joven rubio me miraba. Lo mire, ojos azules brillantes, dos valijas, un bolso, hablaba por el celular y me sonreia, corta y me dice:
-Hace mucho calor, se fue el tren hace 2 minutos, en 8 viene el próximo.
Noto mi cara de cansada, mis pocas ganas, le dije gracias, le devolví la sonrisa.
-¿Vas muy lejos?
-A Devoto… a llevar un sobre.
-¿Un sobre? lindo dia, bah noche, te toco jaja
-Lo sé.
Se dió cuenta por mi cara de pocos animos, que no estaba bien. Fue al quiosco y me compro una gaseosa, un gesto tan dulce cuando en Buenos Aires hay casi treinta grados de calor.
El tren llegó, repleto, con gente enojada, en los altavoces se decía de un accidente en la estacion de Devoto, justo a donde yo iba.
Me subi al tren, enojada conmigo misma porque ya era tarde. No me gusta llegar muy tarde a lugares que no conozco, no me gusta entregar sobres tan tarde.
El tren arranco, se sentía el viento que corría y entraba por las ventanillas.
Fueron tres minutos…hasta que el tren se detuvo.
El calor era aun mas insoportable, pero lo mas atemorizante era la cara de la gente. Los hombres que se encontraban sentados se levantaron a dar el asiento a todas las mujeres. Todas estabamos sentadas. Un vagón no tenía luz. Se escuchaban gritos. Un policia se quedo en ese vagón. Nos miramos. Nos preguntabamos todos lo mismo. Si se sabía que había un accidente…¿porque avanzo el tren y no nos dejo en la estación Chacarita que tenía que parar entre la misma y Paternal? en el medio…entre las dos villas, el tren y allí yo.
Fueron quince minutos nada mas, pero el bebe empezo a llorar, la mujer de la remera azul tenia baja presión y la chica que estaba a mi lado se había quedado sin bateria para el celular “Voy hasta caseros, quiero avisarle a mi mamá que me espere cerca, aca a tomarme un taxi no bajo ni loca”.
La gente de la villa empezo a gritar. Delante de mi paso una piedra que entro por la ventana, casi le da a un chico pero dió en una chapa. El tren arranco. Despacio pero arranco.
Dude en bajarme en la estación La Paternal. Una señora me preguntó a donde iba, me dijo “Bajate en Villa del Parque y ahí tomate un taxi, aca esta la entrada a la otra villa y esperan a la gente en esta estación, estamos rodeados”, el calor dentro del tren ya era insoportable.
En mi cartera todavia tenía caramelos de la noche anterior. Uno solo me sirvio para manterner la presión un poco mas alta.
En Villa Del Parque me baje. Camine rapido por la estación. Muchos autos, mucha gente, pura hísteria. Gritos, mas gritos, los locales ya comenzaban a cerrar y yo…ya estaba tarde.
En la bolsa estaba el sobre que debia entregar. Adentro una revista. Para él. Un escritor que escribe bién. Una vez me dedicó un libro en una presentación. Hablamos media hora. En esa media hora me subió el autoestima sobre mi escritura. Que no le de bola a los talleres y que escriba mucho. Un señor caballero.
El taxista me abrió la puerta. Estaba parado por la barrera. Me subo y me dice “Hola, hasta donde vas? porque justo estoy terminando mi turno”.
-Hasta M…. xxxx
-Es aca cerca, te llevo.
-Gracias, despues me tomo otro taxi para volver.
-¿A donde vas?
-Hasta G…. XXXX
-No vas a encontrar taxis, con este lio de trenes y este calor…esto es tierra de nadie ahora cuando crucemos la barrera, si no tenes auto moris. Yo te espero y te llevo hasta XXXXX de ahí te busco otro auto y vas hasta tu casa.
-Gracias.
Los ruidos de los autos, los arboles lejanos a los mios, odiarte, preguntar muchas cosas. Mirar mi bolsa de papel. Allí el sobre, mas un libro que escribio él,que se lo pensaba regalar al responsable del lunes, al responsable que hiciera esto, más el libro de Paul Auster que tanto me esta gustando, de color naranja la tapa, una portada linda.
El taxista putea, se pone a hablar con otros autos cuando la barrera esta baja. Me piropea, me dice que tengo menos edad.
Buscamos la altura exacta, me deja en la puerta. “Te espero nena”. Le sonrio. Dejo mi bolsa y me voy con mi cartera colgada. Toco timbre. Escucho una voz. Por la voz la imagino alta puede tener ojos azules y pelo castaño. Curvas bien llevadas. Me habla. Le pregunto por él y me responde con la pregunta ¿ de parte de quien?. Digo quien soy y que le dejare el sobre en el buzón. Me dice gracias. Le sonrió al portero electrico.
Subo al taxi otra vez. El taxista me pone el aire a todo lo que da. Buscamos un quiosco en el camino, bajo a buscar coca cola, me baja la presión pero estoy bien.
-No te preocupes, es el día que tuviste ¿te llevo al hospital?.
-No gracias, solo quiero ir a casa.
Tomamos la avenida y encontramos a otro taxi. El frena, me cobra. Busca al taxista y le dice por donde ir. Vuelve y me dice “Es un pibe joven y fachero, tiene GPS te va a llevar bien” le agradezco. Me dice que toma la patente. Y me subo al otro taxi.
-¿Hola que tal? vamos a GXXXXXX y XXXX
-Ya se el señor taxista me dijo. ¿Estas bien? ¿te bajo la presión? ¿De donde venian? Le cuento todo, me dice: por donde estabas habia muchos taxis. Le vuelvo a contar de las barreras cortadas. Y me dice: entonces hiciste bien.
Hablamos, me cuenta de los robos, le cuento de que me quede en medio de la villa, me cuenta que entro a villas y no pudo salir, le cuento del escritor, la revista y todotodotodolodemas. Me dice que espera que llegue y escriba todo esto, asi me desahogo, que me tome mas coca helada y que me saque esos zapatos con taco y me ponga ojotas.
Me deja en casa, cuando le quiero pagar me dice : nah tuviste mucho lio hoy, deja, lo pago yo, anda a descansar, decile al gil que es un gil y ojala ese escritor te responda porque te lo mereces.
Le regale un caramelo que me quedo en la cartera y me baje.
Sentí mis arboles otra vez, sentí mi casa, sentí el cansancio en mis piernas. Sentí todo en un segundo.

Mis manos estan frias de los nervios. Mi corazón late fuerte y yo no le hago caso. Ya no hay lagrimas en mis ojos, porque se las llevo el aire que entró por la ventana por la noche. Estoy entre la desmoralización y la moralización nueva. Quieta. No hagas nada, no hagas nada, no hagas nada, es la frase que mas veces escribí en el último mes en mi diario. La sensación de perder y no perder ¿ que es perder?¿Cuando se sabe cuando uno perdió y gano?.
Sacarte de mi cuerpo, odiarte, querer odiarte, pedirle a los santos que me dejen odiarte. Pensar en quererte es tan lejano y mortífero. Tan insolente. Tan puro como el agua que caía de la montaña aquella noche que dije que no me pasaría esto.
Esa noche que caminando por los senderos no pensé que te cruzaría.
Y aca estoy, escribiendo mil cartas que jamás recibiras porque cada vez que las escribo las rompo. Escribiendo diarios, intentando entender poemas que te escribí y quién sabe porque. Sabiendo que no me correspondía. Sabiendo que fui otra, la otra, otra.
Es la sensación de insultar frente al espejo y saber que no hay nadie, solo vos, insultarme a mi misma, preguntar que puedo hacer. Si seguir por un camino o desviarme y correr. No saber a que jugas, si a la oca o a las damas, porque el ajedréz es un juego que seguro no sabes jugar. No sabes de prolijidad ni de estrategia. No tenés paciencia. Ni sabes de que hablo.
Pero nada de lo que escribo puedo hacer. Nada. Solo quedarme sentada y ver como en el vagón va otra que no soy yo. Puedo pensar cuanto tiempo estará hasta que vos la despacharás. Mi consuelo es saber que podes mentir y ya no te creo, no ya no te creo.
Ahora debo sacar a mi cuerpo y a mi alma de esa involucracion, porque no voy a permitir que vos y tu extrañez me lastimen otra vez. No, ya no.
Camiluch.

Me esperas en la esquina que quedamos ayer. Con las manos dentro de los bolsillos de tu jean. Tienes la campera que tanto me gusta, me esperas ahí.
Se que miras para los costados buscándome, se que te preguntas si es que salí tarde o no encontré taxi. Si voy caminando. Se me rompieron los tacos. Te imaginas que tengo tacos y jeans o capaz use una pollera y unas botas…las botas que tanto te gustan.
Me esperas en la esquina que quedamos ayer. No se aun como será el transcurso de la noche. En tu maquiavélico cerebro piensas que será una cena y después terminare entre las sabanas de tu cama. En mi cerebro será jugar al juego que aun no hemos podido jugar bien…o mejor dicho el juego que estamos jugando desde que nos vimos por primera vez.
Me esperas en esa esquina, yo me voy a poner una lazo en el pelo, tengo las uñas pintadas a la perfección, mi cadenita preferida, ese corazón que miras cada vez que arriba de tu pecho me acuesto.
Me esperas, quieto, allí, con las manos dentro de los bolsillos del jean, me esperas mientras camino por la vereda de enfrente y te veo, te miro, pero vos no me ves. Tu mirada esta perdida, entre el aire y mi venganza.
Mis tacos hacen ruido, hasta que me detengo y lo pienso, mientras te sigo mirando, mientras me pregunto porque? Para que?.
Entonces pego media vuelta, con mi cartera en la mano, camino una cuadra mas y sin que me veas paro el taxi que hace segundos paso por delante de tus ojos, te miro por última vez y vos seguís sin mirarme, me subo y me voy…lejos y te dejo ahí, esperando.
Esperando en la esquina que quedamos ayer con las manos dentro de los bolsillos de tu jean.

Entonces decime…¿como se hace para tener un corazón en la mano, sangrando latiendo de a poco? Decime, como se hace con la angustia, las noches sin dormir, las lágrimas en mis sabanas. Decime ¿que se hace? ¿Se lee un libro? ¿Se escribe? ¿Se insulta?.
Te leo un libro, el que tenga las paginas que vos quieras, con la portada que vos elijas y hasta te lo ilustro de la forma que vos quieras, con crayones de colores que no existan, as es mas verdadero, mas sentimental, mas mio.
También puedo escribirte, mil palabras, dos mil palabras, tres mil palabras. Yo te escribo, en mi compu, en una hoja falsa, en la primera página de un libro, tu preferido. Yo te escribo con mis lágrimas si queres. Te escribo más de cien páginas por noche.
Insultarte seria tonto, lo hago siempre, ya es habitual es mis mañanas, en mis tardes y en mis noches. Y la luna me mira desde ahí arriba y se ríe, de vos de mi, de todos. De este maldito amor que no es amor y si desamor….¿como un amor es desamor cuando no fue amor? Decime…como.
Yo te miro ¿sabes? Te miro de mil modos, me entrego, inconcientemente a tu boca, me entrego con ignorancia, pero sos hombre, un hombre tal y derecho, manual, puro, un hombre y no lo comprendes, preferís lo que esta en bandeja, con la frutilla en la boca, ahí me doy cuenta de lo que sos, mis ojos se abren y se cierran y ahí cae sola ella.
Entonces decime que hago con mis ojos tristes y su agua, decime que hago con las ganas de decir las cosas y guardarlas. Decime, decime vos…si vos ¿que hago? Decime como hago para salir del laberinto que tu mirada creo y me atrapo y no me dejo huir. Decime como hago para que no caigan mas lagrimas de mis ojos mientras escribo.
Decime a donde llevo a la tristeza para que pasee y se olvide de mí, aunque sea por un ratito, yo que parezco su mamá que la cuido y la descuido.
Decime mientras la noche se adueña del mundo, de mi vida y de nosotros, decime antes que se apague la luz para siempre y no vea mas esos ojos dulces, pero si mis lagrimas saladas allí cayendo, como si fuera lluvia de primavera en el suelo.