Los pasos del olvido.

De día, tarde y noche. Así estaba yo, esperando hasta el cansancio. Verte llegar y caminar hacia mí. Tu andar particular que hasta me hacia pensar lo inimaginable. Quieta, mirándote como si mirara “La habitación roja” de  Matisse frente a mis ojos.

Así estaba yo, esperándote como un perro cuando le están por dar de comer. Esperando a que saques la bolsa de comida y cada uno de esos pedacitos que para vos eran insignificantes y para mí  únicos caigan en el plato para por fin comerlos. Así, esperando a que me des de comer, a que seas el amo, el dueño.

Esperar a que me acaricies lentamente, ese mimo que seria tan especial como todos, el de mañana, el del mediodía, el de tu vuelta del trabajo, cuando llegabas cansado y yo te sacaba la corbata que te atoraba el cuello. Y los roles eran otros, vos eras el perro, yo el amo. Cambiábamos la corbata por la correa, esa que tantas veces ambos nos poníamos. Atados y entregados a la merced de lo que el otro tenía pensando en su mente.

El tiempo pasó lentamente, ya sentía que ocupabas lugar en mi cama y viceversa, sentía que ocupaba lugar en la tuya. Tu biblioteca era mía y la mía también era mía. Ya me molestaba el desorden de lo incomprendido, ya ni ganas de lavar los platos que había en la cocina.

Y una mañana todo cambio. Ya no esperaba que vinieras con el pan a dármelo de la boca. Ni mucho menos esperaba a que me hablaras al oído o me prometieras vacíos inexistentes que hablaban de estrellas y lunas rojas. No. Ya no lo esperaba. El anillo que para mí era el más caro del mundo, ya no tenía valor. Ni la paloma que colgaba de mí pecho. Era igual, yo no era igual.

Ya no tenía sentido esperarte en la puerta de casa para que vengas, ya me daba lo mismo verte hoy, mañana o pasado. No me sobresaltaba mas al verte bajar del taxi.

Y así fue. El olvido puro de lo in-imaginado. La destreza de saber cuando olvidar y cuando no. Fue, solo al principio dolió, luego se transformo en mas fuerte, a veces lloraba como los perros lloran cuando sus amos se van. Luego a veces me reía tanto que las hojas iban pasando y así volví a reír como antes de conocerte.

Paso.

Ya no te esperaba más con el pan en la boca como un perro en la puerta de casa para que me dieras de comer, porque ya, no sabías como alimentarme.

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Pic: F. R

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Published in: on 15 noviembre 2009 at 5:13 PM  Comments (8)  

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8 comentariosDeja un comentario

  1. se ve que hoy la tengo con la tele, pero hace mucho vi una entrevista a (el puto de) campanella y decía que una de las cosas que más lo intrigaba era cómo el amor llega…y como, de repente, se va.

    tu texto me hizo acordar.

    saludos

  2. Tan frecuente, tan comun, incomprensiblemente aceptado por la comodidad anexada o por temor.

    Saber alimentar a ese otro que uno quiere como propio, como parte, como uno. Tan sencillo al princio cuanto todo es novedad, cuanto todo parece magico … y solo depender de eso en vez de construir la rutina de la no rutina, y prestar atencion a esos detalles que nos hace diferente cada dia, para no encontrarnos un dia frente a un otro que ya no conocemos, ni entendemos y tal vez por no haber estado alli mientras ocurria, tampoco queremos, encegecidos por los recuerdos en lugar de agradecido por el presente.
    Se la pierde, se la perdio .. porque hay cosas que no tienen retorno.
    Pero siempre hay mas, a veces en el lugar menos pensado, incluso alli, justo al lado de donde estabamos mirando, se descubre un otro que nos mira y que nos ve, y solo esta esperando que le devolvamos la mirada sabiendo con certeza que en ese instante y por ese solo hecho, se despertara un fuego contendio ( o reprimido ) que siempre esta y solo unas pocas veces dejamos salir.

    Felicidades, La verdad unida a la esperanza, se convierten en un combustible increiblemente poderos.

    • Un placer leerte por aca. Por supuesto que hay cosas que no tienen retorno.

  3. Increíble expresión muchacha. Me gusta mucho lo que escribís.

  4. Creo que “volví a reír como antes de conocerte” es lo peor que le podes decir a alguien, pero que placer!


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