(…)

Ni viento ni hojas
ni boca ni ojos
ni espejos de arena
ni sosiegos desaparecidos.
Ni espada ni corazones,
ni copas de vino con queso ahumado.
Ni manos que tocan y hablan.
Ni cielos azules, naranjas o de mil colores.
Ni querer ni odiar.
Ni mucho menos otoño y primavera.
Nieve espejada debe desaparecer.
Ni atrevimiento y agonía
Ni hablemos de eternidad y esperanza.
Ni pétalo, ni pluma, ni el puro infinito
ni horizonte, ni aquella infamia,
Ni árbol muerto, ni verso, ni vida

Ni llantos, ni lágrimas, ni miradas.
Mucho menos miradas.

C.

Diciembre 09

Published in: on 27 diciembre 2009 at 2:12 PM  Comments (4)  

M

03.33am

Pienso adelantado en el balance del año, ese que nos hacemos inutílmente para ver si cumplimos con los objetivos pautados a finales del año pasado. Hago una lista de cosas y sobresale tu nombre. Me culpo y te culpo. En vano, la culpa no es de nadie. Fue casualidad y causalidad. Fue y no fue el destino. Te acuso de darme una felicidad y de quitarmela cuando nadie la pidio. Me pregunto en la perdida de energía que dejé al esperarte y volver a culparme.

Al escribir en la melancolia de los días en los que esperaba que dijeras algo. Y cuando lo hiciste…fue para mal. Porque me adelante. Porque no tendría que haberte hecho caso. Tendría que haberte dejado pasar y que siguieras tu camino, no detenerte ni un segundo más…pero te detuve mucho.

Este año no sobresalen alegrías, materias aprobadas, trabajo bueno, dinero, vacaciones, este año sobresalen tres letras que son tus iniciales. Sobresale aprender de la hipocresía, la tuya y saber que yo no sere presa de ello, si no otra, otras…las que sean necesario. Hasta que realmente quieras.

Mientras miro la lista, me pregunto si fue bueno no decir esas palabras dulces que estaban en el tacho. Vanas, inconclusas, con una incertidumbre enorme de ser la pieza de ajedréz que movías cuando querías.

Creo que nunca podrás entender el agua que dejaba en la almohada todas las noches cuando estabas lejos y mis sentimientos no eran precisos. Y mucho menos podras entender, cada palabra que escribí, cada hoja que deje, cada momento que viví. Tampoco podras entender mis manos frías, ni como me quedaba mirando tu boca. Como mi cabeza estallaba de preguntas sin respuesta y como las manifeste con taquícardia noche a noche, cuando veía las imagenes que no coincidían con lo que tu boca decía.

No, no podrás entenderlo, pero también sé que la que usa esos zapatos que debo usar yo, no lo va a vivir y a la larga te daras cuenta..(y ella también) pero creo que ya me encontrare caminando por otro lugar.

Fue un placer conocerte.

C.

Published in: on 25 diciembre 2009 at 3:42 PM  Dejar un comentario  

Probando

III

Cuando era nena me gustaba el verano. Lo amaba, me parecía la mejor época del año. Libre de clases, ir a la playa era lo que mas ansiaba.Estar en remera todo el dia,  playas, lejos de mi casa, lejos de los ruídos de la ciudad que ya odiaba.

Eso me pasaba de nena. En la adolescencia descubrí que esas aventuras playeras no las quería tener mas en mi vida y me encontre amando bufandas, guantes, lluvia y frío.

Esos 43 grados de calor en febrero los recuerdo muy bién. Me recuerdo a mi con la mochila, la valija, y la campera en la mano. La cara de todas las personas que me miraron en Aeroparque tambien la recuerdo.

Despache mi equipaje y me quede solo con mi mochila, la campera y mi libro. Cuando subí al avión dejé la campera arriba de mi asiento y me acomode a mirar por la ventana. A mi lado un matrimonio español se sentaba.

En el avión, veía mucha ojota, mucha remerita, hasta pensé ¿me confundí de vuelo? ¿volvere por error a la playa?.

Cerré los ojos y espere a que el avión despegara.

Desayune, leí, escuche música, almorce, leí, mire por la ventana, hable con mis compañeros, me desabroche mil veces el cinturón, volví a leer, mire por la ventana.

“Damas y caballeros ajusten sus cinturones estamos por aterrizar”, al escuchar esas palabras lo ví. Estabamos sobrevolando el lago mas hermoso del mundo, turquesa, puro, bellisímo, tan nuestro, tan mío.

Se fue de mi vista y fue solo un segundo, el corazón me latía muy fuerte. Ya no tenía mas calor, ya me olvidaba de esos malditos cuarenta grados.

Cerre los ojos y por el parlante la voz de una mujer que secretamente era locutora decia:

“Bienvenidos al aeropuerto internacional de Calafate, le recordamos que en la ciudad hace una temperatura de 8 grados”.

Gracias, dije y me desabroche el cinturón.

Published in: on 18 diciembre 2009 at 11:41 PM  Comments (1)  

Ir y venir

II

Las cosas se van, por el aire, o se van por tierra,  yo deje todas esas cosas lejos, allá en el sur, no se si las deje en la librería bar de la galería de los gnomos al lado del libro de García Márquez mientras Steve me hablaba o las deje en el avión de regreso a casa. Van y vienen, dicen que cuando las cosas van tardan un poco en volver, a veces se van con un golpe en la pared, te quedan los nudillos rojos con suerte y rotos sin esa suerte, se pueden ir con un champagne en un evento, con una tarjeta a tu billetera, van y vienen como la suerte, la tenes cuando no esperas, la perdes cuando mas la necesitas. Una vez pensé que el conocerlo era de suerte, pero no, me equivoque, una piedra en mi espalda durante años y años. La suerte se la llevo el, a mi me dejo una bolsa de cartas y de esperanzas arriba de la cama. Mi cama. Su cama. Nuestra cama. La suerte se fue, volvió, como vuelve un sueño, pero solo uno, ni muchos ni pocos, muchos sueños llaman a las pesadillas que a veces se necesitan vivirlas para poder sentir el resto. Las cosas van y vienen, van por tierra, vienen por avión, se van por tren y vuelven caminando como si acá nada paso.

A veces me pregunto donde mas deje esas cosas. Si las deje en su departamento y si ella ahora que es ella las vera. Se preguntara de donde salieron y el por sentirse incomodo o quien sabe que, para evitar situaciones de riesgo entonces mentira. Esas cosas que van y vienen que escribo en algún bar escondida sin que nadie me vea. Las que vienen que me atrapan solo una vez, como aquella noche que entre multitudes y palabras que luego irían y venían nos encontramos.

Las cosas se van, las buscamos y se escapan, no las buscamos y aparecen, las deje en el libro que perdí en la mudanza, la deje en el spa mientras el barro cubría mi cuerpo, las deje cuando caminaba siguiendo sus pasos. La encontré en un cerro al lado de una laguna, se fue de nuevo cuando volví a la ciudad que con luces odiaría. Las cosas ahora están ahí, mirándome, esperando a que decida que hago con ellas, porque ellas saben que harán conmigo…van y vienen.

Published in: on 13 diciembre 2009 at 5:33 PM  Comments (6)  

B.A

I

Fluir en un minuto. Volar lejos y no literalmente. Eran las diez de la mañana cuando mis valijas ya estaban armadas y esperaba a que el auto llegara a buscarme para llevarme lejos. Quince días por legalidad. Uno menos en realidad…catorce. Esa costumbre mia de escaparme de casa hasta el último minuto de mis vacaciones. Dejar todo preparado para que mi telefono no suene. Telefono. Ese que me llevaba por inercia, junto con su cargador de batería, pero ese mismo que después no necesitaría.

Corría diciembre y no sabía a donde escaparia. Fue seguir la recomendación de mi hermano y elegir. Ya habían pasado dos meses desde aquella elección corría el año 2007 y el reloj marcaba las 10 y 10. Fui a la cocina y me serví café. Tenía intuiciones, esas que solo tengo cuando todo va a salir bien. No era un lunes cualquiera, era el lunes que buscaba dejar marcado aunque sea en un libro, en mi diario, en mi.

Mi bolso de mano llevaba las cosas elementales, tenia un libro, un block, muchas lapiceras, cosmeticos, billetera, pasaje, documentos, celular y camara de fotos. ¿Mas cosas?. Despachadas. De todo eso si perdia algo solo podia lamentar mi campera, por el clima, lo demas era recuperable.

Termine el tercer café a las 11 de la mañana. El taxí llego puntual. El teléfono sonó para una despedida rápida. Escuche con atención esas palabras que ya dejarian de ser mias.

Me subí al taxí. El taxista dejaba mis valijas en el baúl. Me llevaba la vida con tal de dejarla allá. Me llevaba el alma con la idea de tirarla por el avión. Dejaba mis zapatos al costado de la cama por si alguién me extrañaba y se podia conformar con solo mirarlos.

El taxista sabia a donde ir.

Miré por la ventana, nadie se iba a quejar. Yo menos. El taxí arranco y deje una parte de mi vida ahí, en la calle y en la puerta de mi casa.

Un avión me esperaba, un lago y algunos despues.

Published in: on 8 diciembre 2009 at 3:12 PM  Comments (3)  

El escritor. “Querido diario”.

Te odio. Lo pienso cuando voy a casa en taxi. Ese taxi que vos paraste, aunque yo lo elegí. Pero siempre me elegís vos los taxis. Te odio pero a la vez no te odio tanto. Es confusión. Los jacks en mi cartera avalan eso.

Tenes razón. Tanta razón como cuando pedimos la cena y sabes que me gustara la tuya. Y te la querré robar. Pero te quedas quieto y te reís, esa risa que tanto me gusta. Se que vos clavaras el tenedor en mi plato. Esta noche lo hiciste solo una vez y me pareció extraño.

Cuando tenes razón provocas en mi ganas de escribir y describir. Ganas de describir al mozo que trajo el Pedriel que vos pensabas que no estaba. Ganas de describir al hombre que le ponía hielo al vino. Describir tus ojos de la manera que no te enojes porque hablo de miradas. No me atrevo porque se que me leerás la mirada, posiblemente por lo mucho que me conoces en tan poco tiempo…me lo prohibís. Tan sencillo, como cuando me dijiste:

-Aprende a reprimir tus pulsiones publicacionales.

Así a secas fue. No publiques todo. Escribilo en el diario. Ese diario que es oculto y a la vez es un juego. Ese que vos y yo conocemos.

Él tenía razón. Al igual que cuando pedía la comida, el vino y elegía el lugar. La ropa con la que vestirse. Hasta podría decir que sabia como iría vestida. Me asombraba. En la mesa me le quedaba mirando y terminaba asombrada. Me daba cuenta que me conocía mas de lo que imaginaba y podía sorprenderme mas de lo que creía.

Me aposto que no terminaría el plato y así fue.

Sabia las caras que pondría….y cuando estaba por poner la cara de tristeza me decía “Basta”. Tenía razón. Esa pila de hojas que ya estaba anillada a su lado era la garantía de porque lo decía. Lo mire. No podía describir su hermosa mirada porque me leería la mente y me retaría.

“La próxima vez que escribas sobre ojos y otoño voy a escribir en tu contra”. Algo así fue, ya no recuerdo. Me olvide de sus palabras cuando me puse a leer su novela y me enloqueció como la vez que lo había conocido, aunque él…él no lo sabia.

Y así fue, una noche mas, entre retos, vino y cena. Entre odiarlo y quererlo. Cuestionarme escribir o no hacerlo. Y él…él que me mira, mira mi plato sabiendo que no voy a terminarlo. Sabiendo que después de subirme al taxi, me quedare pensando mientras miro la ventana. Bloqueando en mi cerebro ciertas palabras. Él sabe como me voy a bajar del taxi y como abriré la puerta de mi casa por mas que no la conoce. Sabe que lo odiare y lo querré y que llegare y en el Word escribiré lo que paso, escribiré sobre él y sus palabras, sus críticas y la comida. Que indirectamente pensare en sus ojos e intentare nombrarlos, aunque él, con esa misma mirada que intento describir desde que lo conocí me diga “ basta…nena no escribas sobre miradas”.

Pd:Si ya se…no te gusta el tono.

Noviembre 2009.


Published in: on 3 diciembre 2009 at 1:20 AM  Comments (10)