(…)

Ni viento ni hojas
ni boca ni ojos
ni espejos de arena
ni sosiegos desaparecidos.
Ni espada ni corazones,
ni copas de vino con queso ahumado.
Ni manos que tocan y hablan.
Ni cielos azules, naranjas o de mil colores.
Ni querer ni odiar.
Ni mucho menos otoño y primavera.
Nieve espejada debe desaparecer.
Ni atrevimiento y agonía
Ni hablemos de eternidad y esperanza.
Ni pétalo, ni pluma, ni el puro infinito
ni horizonte, ni aquella infamia,
Ni árbol muerto, ni verso, ni vida

Ni llantos, ni lágrimas, ni miradas.
Mucho menos miradas.

C.

Diciembre 09

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Published in: on 27 diciembre 2009 at 2:12 PM  Comments (4)  

El escritor. “Querido diario”.

Te odio. Lo pienso cuando voy a casa en taxi. Ese taxi que vos paraste, aunque yo lo elegí. Pero siempre me elegís vos los taxis. Te odio pero a la vez no te odio tanto. Es confusión. Los jacks en mi cartera avalan eso.

Tenes razón. Tanta razón como cuando pedimos la cena y sabes que me gustara la tuya. Y te la querré robar. Pero te quedas quieto y te reís, esa risa que tanto me gusta. Se que vos clavaras el tenedor en mi plato. Esta noche lo hiciste solo una vez y me pareció extraño.

Cuando tenes razón provocas en mi ganas de escribir y describir. Ganas de describir al mozo que trajo el Pedriel que vos pensabas que no estaba. Ganas de describir al hombre que le ponía hielo al vino. Describir tus ojos de la manera que no te enojes porque hablo de miradas. No me atrevo porque se que me leerás la mirada, posiblemente por lo mucho que me conoces en tan poco tiempo…me lo prohibís. Tan sencillo, como cuando me dijiste:

-Aprende a reprimir tus pulsiones publicacionales.

Así a secas fue. No publiques todo. Escribilo en el diario. Ese diario que es oculto y a la vez es un juego. Ese que vos y yo conocemos.

Él tenía razón. Al igual que cuando pedía la comida, el vino y elegía el lugar. La ropa con la que vestirse. Hasta podría decir que sabia como iría vestida. Me asombraba. En la mesa me le quedaba mirando y terminaba asombrada. Me daba cuenta que me conocía mas de lo que imaginaba y podía sorprenderme mas de lo que creía.

Me aposto que no terminaría el plato y así fue.

Sabia las caras que pondría….y cuando estaba por poner la cara de tristeza me decía “Basta”. Tenía razón. Esa pila de hojas que ya estaba anillada a su lado era la garantía de porque lo decía. Lo mire. No podía describir su hermosa mirada porque me leería la mente y me retaría.

“La próxima vez que escribas sobre ojos y otoño voy a escribir en tu contra”. Algo así fue, ya no recuerdo. Me olvide de sus palabras cuando me puse a leer su novela y me enloqueció como la vez que lo había conocido, aunque él…él no lo sabia.

Y así fue, una noche mas, entre retos, vino y cena. Entre odiarlo y quererlo. Cuestionarme escribir o no hacerlo. Y él…él que me mira, mira mi plato sabiendo que no voy a terminarlo. Sabiendo que después de subirme al taxi, me quedare pensando mientras miro la ventana. Bloqueando en mi cerebro ciertas palabras. Él sabe como me voy a bajar del taxi y como abriré la puerta de mi casa por mas que no la conoce. Sabe que lo odiare y lo querré y que llegare y en el Word escribiré lo que paso, escribiré sobre él y sus palabras, sus críticas y la comida. Que indirectamente pensare en sus ojos e intentare nombrarlos, aunque él, con esa misma mirada que intento describir desde que lo conocí me diga “ basta…nena no escribas sobre miradas”.

Pd:Si ya se…no te gusta el tono.

Noviembre 2009.


Published in: on 3 diciembre 2009 at 1:20 AM  Comments (10)